Un sueño

Y Sergio decidió irse. Sabía que se quería ir, que se tenía que ir. Hacía mucho tiempo que lo sabía. Sacó los pasajes para el viaje de ida. Sólo de ida. Nunca iba a volver. Iba a dejar todo atrás, pero ya nada importaba porque iba a cumplir su sueño. El sueño de toda una vida. La mayoría de la gente es tan mediocre que ni siquiera sabe cuál es su sueño. Otros tienen sueños y no los cumplen. Sergio gastó todos sus ahorros en ir allá... nada más importaba.

Entonces llegó. Llegó a Alaska. Se bajó del avión y vió ese paisaje, que era todo. Todo lo que había esperado, todo lo que había deseado en su vida. Y todo estaba ahí. Era tan conmovedor que apenas lo vió se puso a llorar, a llorar desconsoladamente, porque era lo más hermoso que había visto en su vida. Pudo ver la nieve, los lagos y mares cubiertos de hielo, las montañas y los glaciares y las auroras boreales. Él lo vió todo, lo sintió todo y no dejó que el frío lo amedrente. Finalmente, después de tanta lucha, tanto dolor y tanto esperar, Sergio era feliz. Esa felicidad pura, absoluta. Esa felicidad que no dura sólo un instante sino que dura por siempre, que nadie conoce. No es una felicidad que te hace reír, sino que te hace llorar.

Él caminó llorando bordeando los glaciares, cada vez más al norte, siguiendo las auroras. Era invierno y hacía muchísimo frío, y no podría sobrevivir solo mucho tiempo, pero él no quería sobrevivir. Él quería dejar todo atrás, todo el dolor, la tristeza, la melancolía. Incluso dejar la vida atrás. Ya no importaba tampoco. La vida en sí no sirve para nada y Sergio lo sabía.

Vió osos marrones y polares, vió las focas, los caribúes y las ballenas. Vió los esquimales en sus trineos, y siguió llorando. Hasta que el frío era tal que no pudo continuar. Había recorrido muchos kilómetros. Cayó de rodillas, las lágrimas se congelaban en sus ojos, cristalizando ese paisaje tan hermoso. Se estaba muriendo, finalmente.

Arrodillado, contempló los glaciares. Ya no sabía si lloraba por su muerte o por la belleza que lo rodeaba. Su vida se fue apagando de a poco. Se sentía el hombre más feliz y afortunado del mundo. Toda su vida pasó ante sus ojos, como visiones de hielo. El fin de una vida de mierda, en un lugar hermoso. El Cielo existía después de todo, sólo había que saber buscarlo.

Su cuerpo sigue enterrado en el hielo, aún hoy.

Alaska


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